Nuestra Historia

En la historia de la ciudad de Ocaña hay un suceso que no se ha estudiado convenientemente: la fundación del Club Ocaña y sus implicaciones económicas, sociales, culturales y políticas para el municipio en estos 132 años de vida que se cumplirán el 11 de noviembre de 2026.

El inmueble donde funciona actualmente el Club fue declarado como Bien de Interés Cultural de Carácter Departamental mediante Decreto 1144 de 2003, expedido por la Gobernación de Norte de Santander.

La declaratoria obedeció a la importancia histórica y arquitectónica del inmueble, por haberse alojado en él Simón Bolívar en su primera visita a Ocaña, en enero de 1813. Tuvo el Club Ocaña varias sedes antes de ocupar la hermosa casona en que hoy está localizado.

Primer plano a la izquiera. Vieja casona donde se alojó imón Bolívar en 1813, antes de sersede actual del Club. Década de 1920

La Ocaña de finales del siglo XIX es una ciudad que posee un relativo desarrollo urbanístico, económico y cultural. Se beneficia directamente de las exportaciones hacia Europa y los Estados unidos y se da el lujo de importar costosas mercaderías (paños ingleses, cristal de Bohemia, vinos franceses e italianos, aceitunas y aceites), y objetos de suntuarios como pianos para la recreación de la aristocracia lugareña y costosos espejos que llegan a lomo de mula desde Puerto Nacional y Gamarra. Cuenta con dos tertulias literarias que reúnen a la intelectualidad local, varios periódicos, bandas de músicos, y ya se la conocía nacionalmente por haber sido la sede de la Gran Convención de 1828 y cuna del poeta romántico José Eusebio Caro.

La fundación del Club Ocaña, el 11 de noviembre de 1894, obedeció, en primera instancia, a la necesidad de la dirigencia social, política y económica dominante, de agruparse y organizar la actividad comercial de la ciudad y la región. Con base en esta circunstancia, comenzó a circular, a partir del 1 de octubre de 1895, el periódico Revista Mercantil, como órgano del Club Ocaña, a través del cual se informaba permanentemente sobre disposiciones legales en materia económica, cambios de moneda extranjera (dólares, francos, libras esterlinas), precios de productos, fletes, ofertas, peajes y pontazgos, importaciones, exportaciones, listado de comerciantes y comisionistas, vías, y noticias, en general.

En este marco que describimos someramente, se reúnen los comerciantes más poderosos de la época que tenían el monopolio de las exportaciones e importaciones, y fundan el Club Ocaña.

Entre los fundadores del Club Ocaña vale la pena recordar a personajes como el doctor Alejo Amaya, autor del libro Los Genitores; los ciudadanos extranjeros W. Brokate, Federico Brokate, Felipe Heineken, José Lébolo (cónsul italiano en Ocaña), Antonio Lébolo, Federico Lébolo, Juan F. O´Brien, Eduardo Meyer (pianista), Pedro Cerruti C., y W. Strieck; el periodista José Domingo Jácome Monroy; el dinámico impulsor de la adecuación de la Plaza Mayor, Manuel Benjamín Pacheco; el compositor Julio R. Jácome Niz, y el artista Juan Manuel Roca G., ancestro del poeta contemporáneo Juan Manuel Roca Vidales. Hoy descienden de aquellos fundadores: los Cabrales, los Conde, los Pacheco, los Aycardi, los Carvajalino, los García Padilla, los Lemus, los Lobo, los Quin, los De la Rosa, los Paba, los Roca y los Rizo, entre otros.

black blue and yellow textile

“En la noche del domingo 8 de agosto de 1932, en los salones del Club Ocaña, don Felipe Antonio Molina dictó una conferencia que tituló Ocaña, la mujer y la sierra, que vio la luz como publicación ese mismo año en la editorial Gómez Hermanos, dedicada “Al Pbro. D. Francisco C. Angarita, que sabe como el que más del alma y de las cosas de estos valles”. La breve presentación de la obrita, corrió a cargo del intelectual venezolano Gonzalo Carnevali, quien por ese tiempo se encontraba asilado en Ocaña después de haber sufrido la persecución política en su país de origen. El doctor Carnevali, decía en su escrito: “…Pienso que de no haber sido escritor, de no haberse dedicado a vaciar en cuartillas el manantial interior, Felipe Antonio Molina habría sido guerrillero, señor de sierras y andurriales, cacique de pueblo, ilustre personaje de esos que acarician como a una mano de mujer, con fruiciosa voluptuosidad, la culata de su pistola, o raro contraste, muy frecuente en espíritus de honda fermentación y clamorosa turbulencia, Cartujo consagrado a Dios, para quien disciplinas y cilicios y padecimientos tejen, en el silencio de una celda y a lo largo de toda una vida, la exaltación ultraterrena de la contemplación y del arrobo”.


La siguiente, es una reseña de la conferencia dictada por el escritor y periodista Felipe Antonio Molina, en 1932:

La bandera que hoy ostenta Ocaña, fue ideada para el Club por el socio Juan Manuel Duque Carvajalino. Los 60 años del Club Ocaña. Para conmemorar esta efeméride, las directivas del Club llevaron a cabo diferentes actvidades culturales y sociales, editando un bien logrado folleto en el cual se hace la reseña histórica de la entiidad, sus socios fundadores, activos y asistentes.

En 1994, cuando el Club celebró sus 100 años de existencia, se creó la Medalla al Mérito Cultural y Cívico “Club Ocaña 100 años”, otorgada a figuras de la vida comercial, política, académica y cultural del municipio, y un grupo selectos de damas entre quienes estaban, en diferentes años, Martha Jácome Quintero, Clemencia Patiño Pacheco, Magola Numa de Peñaranda, Ana Milena Ujueta Quintero, Elvira Isabel Mendoza Lemus, Leddy Jácome de Noguera y Loris Numa de Herrera, organizó excelentes semanas culturales con participación de artistas plásticos regionales y nacionales y músicos de prestigio. Fueron condecorados en aquellos certámenes culturales, personajes tales como la novelista Chela García Núñez, el compositor Alfonso Carrascal Claro el maestro Jorge Riveros, Monseñor Estanislao Mora, el Ingeniero y académico Raúl Pacheco Ceballos, el gramático y crítico literario Ciro Alfonso Lobo Serna, el historiador Jorge Meléndez Sánchez, el músico y compositor Carlos Guillermo Lemus Sepúlveda, el médico y escritor Aurelio Carvajalino Cabrales, el profesor Francisco López Erazzo, el químico Edgar Alberto Páez Mozo y Luis Eduardo Páez García.

Archivo Histórico